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- Fecha de publicación:
- 02.05.10
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La familia, la felicidad y la medicina familiar.
Notas sobre La Conquista de la Felicidad de Bertrand Russell. Edit. DeBOLS!LLO. Barcelona, España. 2004.
Cap. 13: La Familia:
De todas las instituciones que hemos heredado del pasado ninguna está en la actualidad tan desorganizada y mal encaminada como la familia. (está hablando de la época de 1930 en Inglaterra).
El amor de los padres a los hijos y de los hijos a los padres puede ser una de las principales fuentes de felicidad… pero…en 90% de los casos son fuente de infelicidad para ambas partes, y en 99% al menos lo son para una de las partes. Este fracaso de la familia, al ya no proporcionar la satisfacción fundamental es una de las causas mas profundas del descontento de nuestra época. Pag. 158
Desde luego Russel aclara que esta situación de la familia no se debe únicamente a los factores hacia el interior de la familia, sino que hay factores no sólo psicológicos, sino económicos, sociales, educativos y políticos.
Lo que sigue es el análisis que Russell hace en lenguaje extraordinariamente común, sin rebuscamientos filosóficos, un hecho digno de considerar dada su erudición inmensa …va:
Russell, empieza por analizar el caso de las clases altas (aristócratas en decadencia, y luego grandes capas profesionales en Inglaterra):
La mujer hija de familias aristócratas no podía salir de casa sin casarse, no sabía como ganarse la vida por su cuenta y de decidirse a hacerlo bajaría enormemente de clase social. Si decidía vivir su vida sexual sin el matrimonio, el desprecio del amante era solo curado con la muerte (Hay mucha literatura y cine con estas historias, la mas emotiva que conozco es Ana Karenina).
Cuando la mujer occidental se hizo profesionista, empezó a ganar el dinero suficiente para independizarse de su familia y vivir cómodamente, claro que para eso debería enfrentarse con su familia y seguramente ser “desconocida”. Ya no la regañaban mucho porque…que sentido tiene regañar a una persona que no se queda a que la regañen…p160.
Pero esta mujer liberada no podía caer en la tentación de tener hijos, porque seguramente perdería su empleo, dependería de su marido, bajaría de clase social, tendría que hacer las labores del hogar y criar a sus hijos, a menos que…pudiera superar la mala calidad del servicio doméstico contratando a una niñera egresada de una institución cara, o correr el riesgo de dejar en manos ajenas tareas elementales de la higiene y la educación de sus hijos. Lo común entonces, era (y es) la típica riña con la empleada doméstica incompetente, la mala crianza de los niños, el ambiente familiar tenso por las quejas y disputas, el cambio de criadas, el fastidio, imagen de gruñona de la madre ante los hijos, la generación de un carácter quisquilloso y mezquino por tanto tener que atender a detalles insignificantes de la vida diaria. Incluso el empobrecimiento de la inteligencia, ya sin tiempo para cultivarla. Una tremenda injusticia para quien se ha dedicado a cuidar a su familia, perder su cariño y aprecio.
A todo esto se le suman las dificultades de vivir en un departamento donde sin espacio; los niños juegan, lloran, disputan, hacen ruido y no dejan descansar a los padres. La solución, irse a vivir fuera de la ciudad a una casa con espacio, pero con el precio de la fatiga por las distancias, los viajes y la falta de energía y tiempo de los padres para compartir con los niños, disminuyendo su participación en la vida familiar. Resultado: insatisfacción de padres e hijos. Ante esta situación: Los padres ya no están seguros de sus derechos frente a los hijos; los hijos ya no sienten que deban respeto a sus padres. El psicoanálisis aterroriza a los padres cultos: si los besan pueden generar un complejo de Edipo, si no los besan pueden causar ataques de celos…cuando ven a su bebé chuparse el pulgar sacan todo tipo de conclusiones aterradoras… la paternidad está llena de dudas… la madre ha tenido que sacrificar mucho mas que en épocas pasadas al decidirse a ser madre.164.
Las madres conscientes reprimen su cariño natural, se vuelven tímidas; las inconscientes tratan de compensar con sus hijos los placeres a que han tenido que renunciar. En consecuencia, las madres tímidas desatienden el lado afectivo de sus hijos; mientras que las inconscientes estimulan en exceso a sus hijos. En ambos casos la felicidad simple y natural de la familia que funciona bien, no existe. 164. Ante este panorama, la cantidad de hijos disminuye notoriamente.
Dado el gran crecimiento de las clases medias profesionales en los países desarrollados, Russell considera lógico que ocurra un marcado descenso de la natalidad entre estas clases sociales. (Da cifras de la época). Ya en 1930, afirmaba que estas sociedades verían extinguir sus capas mas cultas, y que la población sería repuesta por migrantes de zonas del mundo menos educado que al asimilar la cultura de las razas blancas se tornaría estéril también, hasta que otra civilización con un sentido de la paternidad mas natural la supliera. 165. Mientras tanto, las prédicas religiosas de “Tener los hijos que te de Dios; y los prometidos sagrados goces de la maternidad, producirán familias pobres con numerosos hijos, engañados por la idea de que una familia numerosa es fuente de felicidad. 165.
Los hombres y mujeres tienen hijos porque creen que contribuirán a su felicidad o porque no saben como evitarlo. Y dado que la segunda razón es cada vez mas escasa en este Siglo XXI, queda como única razón que prevalece la primera.
La humanidad deberá rescatar la fuente de felicidad mas duradera que hemos conocido, la formación adecuada de los hijos. (Tal vez por eso a muchos nos gusta ser profesores, porque hay una felicidad interna, intrínseca en ayudar a otros a formarse y desarrollarse).
Para ser feliz en el mundo actual, sobre todo cuando la juventud ha pasado, es necesario sentir que uno no es solamente un individuo aislado cuya vida terminará pronto, sino que formamos parte del río de la vida, que fluye desde la primera célula hasta el remoto desconocido futuro. Esta no es solamente una noción intelectual, sino que está inmersa en nuestros sentimientos primitivos, naturales; lo anormal es NO sentirla. Pero las personas con grandes dotes, pueden dejar para las futuras generaciones su creación, muchos –la mayoría- solo pueden trascender teniendo hijos biológicos167. De ahí su impulso por procrear.
De manera que aquellos a quienes no les importa lo que ocurra en el mundo después de ellos, todo lo que hagan les parece trivial, están fuera del río de la vida. Están solos, no importan con quien estén y que hagan. Es la soledad mas difícil de cambiar.
La base de la familia es que sus padres tengan algún tipo de cariño especial por sus hijos; diferente al cariño que sientan por otros niños u otras personas. Es un sentimiento que el humano normal experimenta hacia sus hijos, pero no hacia otro ser humano. Esto querámoslo o no, lo hemos heredado de nuestros ancestros animales… y ejemplos sobran… Por eso es de la máxima importancia que los sentimientos de los padres NO estén atrofiados, reprimidos, anulados. Porque de ser así, no podrán nutrir a sus hijos y perpetuarán generaciones de humanos infelices.
Ese amor especial de los padres a los hijos es el mas seguro de los afectos que puede tener un hijo; en especial no en los momentos de éxito, sino en los momentos de fracaso, de vergüenza, de dolor.
Las relaciones humanas – como las padres-hijos- no pueden ser buenas solo para un lado del binomio; los placeres naturales –nos hemos convencido- deben ser satisfactorios en ambos sentidos. Una buena relación humana debería ser satisfactoria para las dos partes.169. Esto implica la necesidad de cierta ternura, cierta delicadez y respeto que no son ayudadas por la belicosidad de la época. (¿En 2010 estaremos mejor que en 1930?)
Esa tendencia a educar para competir contra otros, podría ser también la fórmula de la infelicidad que intentará llenarse con drogas, los juegos de azar, las “emociones fuertes”, la violencia en sus múltiples formas, la impiedad, la crueldad.
El placer de la paternidad, implica un componente biológico, el hijo es una parte del propio cuerpo que renueva sus energías, es una prolongación de nuestro cuerpo que prolonga la vida del nuestro una vez fallecidos nosotros, es una forma de inmortalidad del plasma germinal, el nuestro, el de los ancestros.
El lado psicológico, la paternidad satisface las necesidades de poder, al proteger a un ser indefenso, nuestro hijo, al final protección simbólica de nuestro propio cuerpo. Pero el hijo crece, es cada vez menos vulnerable, mas independiente contrariando el afán de poder de los padres. Muchos padres jamás perciben este conflicto, hasta que los hijos llegan a la edad “en que se rebelan”. Como médico, he escuchado frases demostrativas toda mi carrera: Dr. Dígame que hago con esta muchacha que ya no me obedece, ya no hallo que hacer con ella; ni a su padre le hace caso…El hecho es que estos conflictos hacen que se pierda la felicidad familiar. Es tan frecuente este problema en 2010, que se considera la norma tener conflictos de diversos niveles con los jóvenes adolescentes; problema que es evadido con el apoyo de pretextos biologistas “Son las hormonas, señora, ya se le pasará”. Además de que los psicólogos conductistas siempre tienen algún buen ejercicio “para mejorar la comunicación”. La pregunta que me hago ¿resuelven el problema de fondo?.
Bien volvamos a Russell:
Cuando los padres – después de brindar todo tipo de cuidados a sus hijos- descubren que ha salido muy diferente a lo que esperaban. Se les olvida que si damos de comer a un niño que ya es capaz de comer por su cuenta, lo hacemos porque anteponemos el afán de controlarlo y tener poder sobre el, contra el bienestar del niño; pero nosotros creemos que estamos siendo amables y ahorrándole molestias. Igualmente, si le metemos muchos miedos al advertirle de los peligros –tantos en el mundo- probablemente es movidos por el deseo de mantenerle dependiente de nosotros. También si le damos muestras de cariño y esperamos su respuesta, podríamos estar atándole emocionalmente a nosotros.
Muchos padres y madres actuales, conscientes de estos peligros, dudan, pierden confianza en sus instintos de buenos padres. Los padres inseguros causan grandes perturbaciones en sus hijos. Quien desde lo profundo de sí desea ser buen padre o madre, quien no desea manipular las emociones de su hijo, no necesita libros de psicología que digan que hacer y que no. Basta que sienta un respeto de verdad desde el fondo de su alma por su hijo; jamás despreciará a los niños por su pequeño tamaño y poca fuerza, solo las almas vulgares desprecian a los niños.
De manera que, solo quienes tienen este respeto interior a los niños, podrán disfrutar de la alegría plena de la paternidad-maternidad. No sufrirán al reprimir sus ansías de poder (Por ejemplo, no pondrán sobrenombres a los niños, propios o ajenos). Ni sufrirán la amarga desilusión de los padres despóticos que ven partir a sus hijos. Estos padres-madres, experimentarán la alegría mas tierna y exquisita, la sensación del éxtasis místico- superior a cualquiera de las emociones de las personas autoritarias. p.172.
Los padres no debemos hacer todo por nuestros hijos, conforme crecen, habrá otras personas que les enseñarán mucho de lo que han de aprender (una madre no está obligada a enseñar cálculo diferencial a su hijo). Cuando los padres se sientan desconcertados o incompetentes, deben pedir ayuda; no hay un instinto celestial que les enseñe que hacer con sus hijos, y el exceso de cuidados, no es mas que una expresión del afán de posesión.
En el futuro la relación madre-hijo se parecerá cada vez mas a la relación padre-hijo, liberando a las mujeres de una atadura excesiva. Permitiendo mas desarrollo y crecimiento emocional y cultural de las familias. (Bueno, siendo optimistas, que vale la pena serlo).
Atte:
Ismael Ramírez Villaseñor. Médico Familiar.
Presidente de la Asociación Latinoamericana de Profesores de Medicina Familiar A.C. ALPMF Periodo 2008-2010
http://www.alpmf.org/
ismaelravi@gmail.com
Guadalajara, Jalisco.


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